El respeto

 El respeto hacía los demás es algo que tenemos claro qué se debe tener. En nuestro día a día nos cruzamos y relacionamos con decenas de personas sin ni siquiera pensar en tener la mínima muestra de falta de respecto hacía ellas. Visto desde esa perspectiva es algo completamente lógico, todo el mundo tenemos derecho a que nos respeten y nadie tiene derecho ni poder para faltar el respeto a cualquier otra persona.

Entonces, ¿por qué cuando se trata de nosotros mismos si que nos damos la permisividad de ser irrespetuosos con nuestro ser?

Pasamos horas de nuestra vida criticándonos a nosotros mismos por algo que no ha salido como nos gustaría, nos juzgamos constantemente presionándonos porque no nos gustan nuestras piernas, porque nos ha salido un grano en la cara, porque no nos vemos bien con como nos ha quedado el pelo hoy, porque quisiera estar más delgada o tener el culo que tiene esa o ese famosa/o que vemos en la tele, y un enorme etcétera. 

Sin percatarnos estamos constantemente vertiendo juicios de valor contra nosotros, sin respetarnos y presionándonos por alcanzar esa perfección irreal que nos ponemos como meta.


Aquí quiero explicar porque el Pilates es una vez más una buena opción, en este caso para desterrar de nuestra cabeza todos esos juicios que nos realizamos constantemente. Tal y como siempre recalco, el Pilates nos enseña a qué el objetivo del entrenamiento no es realizar unos ejercicios perfectos y darlo todo hasta dejar el último aliento. El Pilates es justamente todo lo contrario, es realizar cada movimiento partiendo de la escucha a tu cuerpo y ejecutarlo sin forzar. Vamos a realizar un buen entrenamiento de Pilates si durante toda la sesión hemos ido haciendo caso de las limitaciones de nuestro cuerpo y un ejercicio estará ejecutado de manera perfecta si hemos conseguido realizarlo manteniendo una buena postura en nuestro cuerpo y sin haber forzado ni un solo músculo. Igual de perfecto estará realizado un push-up sin apoyar las rodillas en el suelo, que un push-up apoyando las rodillas en el suelo, siempre y cuando lo ejecutemos bien. A que me refiero con esto, que si mi espalda está neutra, mis hombros están lejos de las orejas, la cintura escapar ancha y sin bloqueos, cervicales manteniendo la prolongación de la espalda, sin dejar que caiga la cabeza hacía abajo, ni pensionarla para tenerla elevada, fuerza para subir y bajar naciendo desde nuestro powerhouse, ahí estará el ejercicio ejecutado perfectamente y podrás sentirte satisfecho/a.


Aunque nos empeñemos en perseguir unas condiciones idealizadas, la realidad es que todo eso es irreal y cambiante y lo que hoy consideramos como perfecto mañana dejará de serlo y será sustituido por otra cosa. Lo importante es que todo aquello que persigamos sea para nuestro bien estar y mejora. 


Todo lo que realices sobre tu propio cuerpo, si se hace tomando como base el respeto hacía tu ser será favorable para ti.


Respetarte es abrazarte y recordarte que estás ahí para lo que necesites.




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